Te tengo entre mis brazos
bajo el cálido atardecer de Constitución
y te rezagas llorando, llorando los mares
yo te susurro al oído suave
triste es el llamado blanco
de la naturaleza madre
Entonces me persigno
y humilde y nefasto el aire
me recibe con caricias rojas
con hermosas tempestades
Y me río en silencio blando
porque el amor no es mas que llanto
porque eres mío y nunca fuiste de aquella
porque ella no alcanzó tu vuelo inmenso
tu letargo, tu camino manso
y yo lo sigo enhiesta, a tranco largo
por los senderos de la vida terca
Los paisajes que cruzamos andando
los cielos que vimos brillando
los colores y olores de una fruta de verano
marchitos en un pozo de tristeza y desencanto
Pero la vida es corta y apremiante
y los caminos negros han de lavarse
cuando la ola devuelva su cuota de sangre
cuando la fruta deje de secarse
y las gaviotas vuelvan a su iglesia de piedra
Cuando el desengaño se volvió armonía
entre escombros de vieja esperanza
el dolor de una triste melodía
se abrió camino entre tejas y adobes
y caló hondo en el alma de un pueblo muerto
que volvió a retomar su lento viaje
sábado, 12 de junio de 2010
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