martes, 5 de febrero de 2008

Sobredosis de risas


Sobredosis de risas, luego de una sobredosis de alcohol.


Yo se que se van a reír cuando lean esto... y aunque no lo crean no me importa mucho que cierta persona lo lea, porque sé que si me ama no se va a enfurecer.


El agua ardiente es veneno. Veneno, veneno, veneno perpetuo. Veneno para hacer reír. Es una cosa espantosa, pero deliciosa cuando se desea olvidarlo todo. Es un líquido nefasto, noqueador, para valientes... ¿o no?. En fin, es un líquido que me quitó la cordura y me hizo perder la razón. Aunque muchos digan que es lo peor para el estómago y para la mente, creo que puedo rebatir con la idea de que cuando uno lo único que quiere es emborracharse todo sirve por muy maléfico que sea. Al final, digan lo que digan, no lo dejaré.


Recuerdo algunas cosas locas. Gente que no conocía y que cantaba canciones que si conocía, al son de una guitarra que me sonaba lejana, como a kilómetros de distancia. Voces múltiples, imágenes duplicadas, triplicadas, que se movían en círculos, como buitres sobre un cádaver. Recuerdo que hablé a ratos, pero no sé que mierda dije. Me quería parar, quería botarlo todo y no podía. Me sentía como una marioneta sin nadie que tirara de los hilos, lánguida. En un momento de autodesmayo fue todo tan potente que perdí la noción del entorno, sentí ese hormigueo característico, pero aumentado en mil. Lo único que pedía era poder vomitarlo todo de una vez, pero tenía miedo y algo de vergüenza.


Después de unas horas divisé el vino en esa jarra de plástico sobre la mesa, y fue como una revelación. Era mi destino, seguir bebiendo por mi vida, por la alegría de vivir, por compartir con gente maravillosa con la que nunca antes compartí, por celebrar el sentir que tengo nuevas y entretenidas amigas, y a veces jugosas por que no decirlo.


El vino me corría por la garganta, garganta que ya me estaba pidiendo piedad. Se deslizaba el vino y flotaba el humo del cigarrillo.


Y yo me reía y me reía, pero por dentro tenía ganas de gritar.


Muchos pensarán que negativa es la influencia del alcohol, pero para mi es bendita. Es un riel de arranque, son alas de verdad, no como las que se supone que te da el red bull.


Como explicarle al mundo lo bien que me sentí, lo despreocupada, la soltura, el relajo, la calma, desvínculo total de los problemas, éxtasis de carcajadas, de tonteras que en ese momento dada mi condición no me parecían tonteras, sino profundidades humanas.


Gracias. Gracias por todo. Por la compañía, la buena onda, el respeto, el acohol, las risas, la confianza. Por compartir, por hacerme sentir segura y sobre todo por subirme el ánimo hasta el máximo nivel.


Ahora sólo falta que llegue ese personaje por el que brindamos para que todo esté completo.


3 comentarios:

Amelie dijo...

interesante...

ese karrte ke nos mandamos sobretodo el agua ardiente me la mande al seko ... garaganta de lata ...

pero siempre es bkn compartir con gente simpatika .. la pase re bn en el krrt...

buano espero se repitan kuando mis papis se vayan a akampar.. ahi invitamos a los niños lindo .. jajaja

kuidate loka nos vemos....

xao vecinilla

Anónimo dijo...

En el 2006 tenía el medio exámen de Hist. Antigua, y me compré una red bull, su efecto inmediato fue sueño y al otro día indigestión . . . La tele miente.
Y pa' que decir como me fué en el exámen.

Gracias por la pizza de ayer, estaba de pelos.

Fraternalmente: Sebastián.

stephaniejhass dijo...

ohhhhhhhhhh cata muy genial lo que escribiste lo malo es que no me llegó del todo por que el efecto del del agua ardiente el vino el vodka el ron??? no recuerdo no me hicieron tanto efecto como a ti jeje ppero lo pasamos muy bien o no??? chaucha