Derby, derby, amor de mi vida. Pensar que hace un año yo no fumaba Derby, no sé por que, tonteras mías tal vez.
Existen huevadas en la vida que te marcan, cosas tan simples como un cigarro, como una talla fome, un ladrido de un perro... cosas que te hacen recordar toda una tira de imágenes, una escena de tu vida, tal como si fuese la película mas bizarra de los setenta.
El Derby me recuerda voces tan conocidas y familiares para mí, voces que acá donde estoy no oigo, pero que han hecho tributos en mi memoria.
Cuando el humo sale por mi boca, sale con el una sonrisa cómplice y un sentimiento aproximado a la nostalgia disfrazada de añoranza. Yo soy de esas personas que se obsesiona con las cosas simples, con el tabaco, con las risas, con los amigos que hace un tiempo solo eran conocidos del verano, pero que ahora son pilares gigantes de regocijo en mis pensamientos.
- ¿Compremos unos Derby?
- Ya, yo los compro, pero me faltan cien.
- No te preocupí loca, yo tengo acá unas monedas.
Y vamos fumando y conversando de la vida, de las voladas locas que nos pasan, de las miles de circunstancias inexplicables en las que nos hemos envuelto y de las que hemos salido siempre victoriosos. Así se nos iba la tarde, la noche, el día entero intercambiando opiniones locas que al final siempre nos llevaban a una conclusión justa para todos, no solo para nosotros, sino para toda la maldita humanidad.
miércoles, 11 de marzo de 2009
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